Una reunión inesperada: la noción de hospitalidad para Aristóteles, Homero y J.R.R. Tolkien
Introducción
Al hablar de hospitalidad, debemos tomar en cuenta cómo ha cambiado nuestra visión de ella con respecto a la antigüedad. Hay una diferencia cualitativa en la manera en que nos relacionamos con los demás, tanto así que hoy existe una "industria de la hospitalidad". Lo que antes se donaba libremente es ahora mediado por una transacción económica, muchas veces reservada para los pocos privilegiados que la pueden pagar[1].
Lo mismo no ocurría en la antigüedad, cuando la hospitalidad era brindada por los héroes como medio de protección, sin exigir nada a cambio[2]. Esto se debía, en parte, a la fuerte inseguridad de la intemperie, por lo que se veía como un modo honrado para entablar relaciones con los demás. Los vínculos por hospitalidad se asemejaban en contundencia a los matrimonios, capaces de forjar uniones poderosas como alianzas políticas y militares[3].
J.R.R. Tolkien retomó el ideal de hospitalidad en su obra. Tanto El hobbit como El señor de los anillos están marcados por interacciones entre huéspedes y anfitriones, y si bien están muy vinculadas a su identidad católica, hay fuertes semejanzas con la tradición griega. En este texto analizaremos la hospitalidad en El hobbit, la obra que inició el desvelamiento del legendarium tolkieniano, a la luz de los poemas homéricos, la Ética Nicomaquea y la Política.
«Hospitalidad» en el mundo griego y la Tierra Media
Antes de zarpar en este viaje, conviene abordar con una buena definición. Carlos Llano define a la hospitalidad como «la creación de esa atmósfera peculiar y originalísima por la que alguien se siente en mi casa como si se encontrara en la suya, siendo así que no está en la suya, sino en la mía»[4]. La hospitalidad es intrínsecamente social, pues implica el trato directo con otras personas, y en algunos casos, con desconocidos.
Hay una similitud llamativa entre los términos hospitalidad y hostilidad. En griego, el término para extranjero (ξένων) es aún más semejante al término para huésped (ξεῖνος). El desconocido está a la misma distancia de ser alguien honrado que de ser peligroso, y el anfitrión no puede sino confiar. Mientras tanto, el viajero se encuentra en una lucha contra la intemperie, que, según Breuer, «es la experiencia existencial límite de la inhospitalidad, que conlleva la alienación del ser, no sólo en un mundo extraño, sino en el mundo de origen propio»[5]. El viajero queda solo ante lo desconocido, expuesto a todo tipo de peligros (el clima, animales, comida y agua limitada, bandidos), sin saber cuándo se alcanzará la seguridad de un techo.
En el mundo griego, donde cada polis era independiente de las otras, el extranjero servía de vínculo con el mundo exterior[6]. Aristóteles nos dice en la Política cómo Atenas distinguía en sus leyes a los locales de los extranjeros, incluso con tribunales separados para casos que los involucraran[7]. Él la clasifica como un tipo de amistad por utilidad, donde como nos dice el Dr. Zagal: «lleva a cabo una reivindicación»[8]. Mientras tanto, la Ilíada y la Odisea están repletas de hospitalidad (recordemos que la Guerra de Troya comenzó con una falta a la hospitalidad por parte de Paris). Vemos esto tanto en el famoso encuentro entre Glaucón y Diómedes en la Ilíada[9], como en casi todas las interacciones que tiene Ulises en la Odisea.
Semejantes a la estructura del poema homérico, las obras de Tolkien tienen en su centro a la hospitalidad. Las leyendas, cantos y épicas de la Tierra Media «alternan la casa y la intemperie [...] siempre mediadas por la hospitalidad»[10]. Tal es el caso de los poemas de Beren, Turin y Túor, tan importantes en la narrativa de El silmarillion y que, por desgracia, no podremos cubrir aquí. No obstante, la historia de Bilbo Bolsón en El hobbit funciona como un punto de partida satisfactorio. A partir de ella, estudiaremos tres aspectos relacionados con la hospitalidad: la amistad por utilidad, la civilización y la divinidad.
«Hospitalidad» y amistad por utilidad
La llegada de la compañía de Thorin Escudo de Roble a la ciudad élfica de Rivendel tiene en su centro un carácter de utilidad. Ese oasis pacífico permite que los enanos –junto al pobre Bilbo– descansen después de días rodeados por el peligro. Por otro lado, necesitan a Elrond para descifrar el mapa que les permitirá entrar a la Montaña Solitaria[11]. Aquí se ejemplifica una característica fundamental que atribuye Aristóteles a toda asociación de este tipo: el que se dé entre desiguales[12], pues bien el huésped se encuentra, de cierto modo, a merced de la amabilidad del anfitrión que lo ha rescatado de la intemperie.
La disparidad entre anfitrión y huésped implica que ambos «tienen esperanzas de algún bien»[13]. Retomando el ejemplo de Diómedes y Glaucón, el acto de hospitalidad brindado por Eneo, abuelo del primero, a Belerofonte, abuelo del segundo, forja entre ellos una amistad por hospitalidad, que, como dice la Dra. Saúl, «[denotó] cierta capacidad de retribución»[14]. Este vínculo es tan fuerte que permanece tres generaciones después, a tal grado que los combatientes intercambian armaduras como si valieran lo mismo[15], cuando la de Glaucón es de oro y vale cien bueyes, mientras que la de Diómedes es de bronce... y se aprecia en nueve.
Merece la pena recalcar que la hospitalidad griega no se daba a cualquiera. El pretendiente Antínoo repudia al mendigo sin saber que se trata de Ulises disfrazado[16], mientras que el rey feacio Alcínoo, reconociendo la nobleza de Ulises, lo recibe en el palacio real[17], lo invita a participar en los juegos[18] e incluso le ofrece a su hija en matrimonio[19]. Lo mismo ocurre entre las razas y reinos de la Tierra Media. Los enanos y los elfos se disputan por antiguas rivalidades, y en El señor de los anillos vemos un conflicto entre los reinos humanos de Gondor y Rohan.
De todas las razas, son los elfos quienes demuestran una mayor actitud de hospitalidad desinteresada. Veremos más adelante la importancia de su relación con lo divino, pero tanto en El hobbit como en El señor de los anillos, Rivendel se convierte en una isla hospitalaria rodeada por una intemperie cruel y violenta[20]. Otro caso interesante es el de los hobbits, seres sencillos que no necesitan nada más que una pipa, un buen guisado y un atardecer. Sería un insulto hablar de hospitalidad en El hobbit sin mencionar la «tertulia inesperada» que asola al pobre Bilbo. Lo que más llama la atención es su reacción al recibir a los enanos:
—¡Bilbo Bolsón, al vuestro! —dijo el hobbit, demasiado sorprendido como para hacer cualquier pregunta [...]— Estoy a punto de tomar el té; por favor, acercaos y tomad algo conmigo. —Un tanto tieso, tal vez, pero habló con amabilidad.[21]
El hobbit, aunque desconcertado, recibe a sus invitados casi por un reflejo interno. Como bien nos recuerda Zagal, «el huésped [...] participa de la mesa y se calienta en el fuego de la casa [...]. La intimidad no es la causa de la hospitalidad; en todo caso, sería al revés»[22]. Bilbo acoge a los enanos sin preguntarles por su origen o identidad, sino que se preocupa por atenderlos. Los hobbits, que viven en una civilización pura, gentil, atada a la naturaleza, son los primeros en ofrecer hospitalidad. Tanto así, que el modo en que Bilbo huye de la aventura propuesta por Gandalf... es invitándolo a tomar el té al día siguiente.
«Hospitalidad» y civilización
En la obra de Tolkien, parece haber una correlación importante entre la calidad de la hospitalidad de un pueblo y su carácter moral. Algo similar ocurría entre los griegos, entre quienes la hospitalidad estaba íntimamente relacionada a la civilización. Lo podemos observar con los cíclopes, a quienes Ulises describe como seres sin agricultura, sin ágora y sin temor a los dioses[23], lo que causa una carencia de capacidades hospitalarias...
Es posible comparar al cíclope con dos seres tolkienianos; comencemos por los troles. Más allá del parecido físico con Polifemo, Tom, Berto y Guille Estrujónez (Bill Higgins en inglés) presentan varias características similares a los cíclopes homéricos. Tampoco poseen agricultura, se alimentan de lo que encuentran en el bosque: carneros, conejos y (a veces) enanos o hobbits[24]. Tampoco poseen ágora, pues cuando no forman parte de un ejército, se mueven en comunidades pequeñas[25]. En cuanto al temor a los dioses, es un componente curioso pero importante en la hospitalidad griega[26]. Zeus, padre de los dioses, también era protector de huéspedes, incluso recibiendo el título de Xenios[27]. Es una característica ausente en los troles de El hobbit, además de que en otros textos se vinculan con lo demoníaco.
También podemos comparar a los cíclopes con los trasgos, una especie más pequeña de orcos que capturan a los enanos poco después de su salida de Rivendel. Los trasgos tampoco poseen agricultura, pues viven dentro de cuevas y son incapaces de interactuar con el sol. Aunque viven en comunidades grandes, son gobernados tiránicamente por el Gran Trasgo, y entre ellos son incapaces de deliberar, por lo que el ágora es inexistente en su totalidad[28].
A pesar de no jugar un papel tan importante como en otras travesías, los hombres aparecen en un capítulo notable de la aventura del Sr. Bolsón. El hobbit nos introduce al Pueblo del Lago, que habita en las faldas de la Montaña Solitaria. Al encontrarse con los enanos, los reciben con alegría por un motivo curioso: las profecías y canciones que anuncian el regreso del Rey bajo la Montaña[29], lo que revela un vínculo entre los cuentos y la hospitalidad.
En la Odisea, el banquete organizado por los feacios es detenido cuando Ulises comienza a llorar, lo que lo lleva a contar su historia en la Guerra de Troya[30]. Algo similar sucede en El hobbit, cuando el cambiapieles Beorn es convencido de acoger a los enanos por el deseo de escuchar sus aventuras[31]. Después de todo, «los extraños se vuelven [nuestros] huéspedes cuando [...] nos sentamos [alrededor del fuego] para quitarnos las máscaras y convidarnos del caldero o de la olla común»[32]. El acto hospitalario viene acompañado casi por necesidad de una historia: ¿quién es mi huésped?, ¿de dónde viene?, ¿qué noticias trae del mundo? Son las historias, sujetas a la memoria de un pasado rico y fértil, las que motivan a los habitantes del Pueblo del Lago a festejar la llegada de los enanos.
Junto con los hobbits, la civilización élfica es la más hospitalaria. Al partir de Rivendel, la compañía de Thorin es despedida «entre cantos de despedida y buen viaje»[33]. Fundadores de las más grandes ciudades de la Tierra Media, son quienes más participan de la magnificencia: saben cuándo vale la pena gastar. Aristóteles aplica la magnificencia a gastos particulares muy concretos, en particular a las bodas y las recepciones o despedidas de extranjeros[34]. Los elfos comprenden esto, incluso con la rivalidad que tienen con los enanos, en parte por ser quienes más se acercan a lo divino, como veremos a continuación.
«Hospitalidad» y divinidad
La presencia de lo divino en la hospitalidad griega era notable, más allá de la influencia de Zeus. Hermes y Hestia compartían cierta dualidad relacionada al hogar, donde Hestia, la diosa estática, de lo interior y la clausura «representa el atesoramiento, la riqueza fijada al hogar, por oposición a la circulación de las riquezas que Hermes patrocina»[35]. El intercambio de armaduras entre Glaucón y Diómedes ocurre por intervención de Zeus, que hace «perder la razón a Glaucón»[36], mientras que las interacciones de Ulises están siempre mediadas por Atenea.
Esto se mantiene en la obra de Tolkien, atravesada por su dimensión católica. Después de todo, Jesucristo mismo fue un peregrino, y la Iglesia se encuentra en un constante peregrinaje sobre la Tierra. La visión católica cambia drásticamente con respecto a la griega, pues la hospitalidad deja de ser restringida a la nobleza. Para el cristiano, todos son dignos de recibir hospitalidad al margen de su condición o biografía, por el hecho de ser semejantes a Cristo[37].
En la segunda mitad de El hobbit, la compañía de Thorin se adentra en el Bosque Negro, donde son interceptados por un grupo de elfos del bosque. El encuentro diverge por completo del que se había suscitado en Rivendel, pues en esta ocasión no hay festines, sino prisioneros. Tolkien explicita el motivo al describir a los elfos del bosque como «distintos de los Altos Elfos del Poniente [pues] descendían de las tribus antiguas que nunca habían ido a la Tierra Occidental de las Hadas»[38]. Los elfos del Bosque Negro, a diferencia de Elrond o Galadriel, nunca entraron en contacto directo con lo divino, disminuyendo su civilidad.
Desde esta perspectiva, se puede encontrar en cada acto de hospitalidad una participación de lo divino. En El hobbit, se manifiesta con Gandalf. Es el mago quien organiza la expedición de Thorin y quien elige a Bilbo para ella. Los cuida durante el viaje, consiguiendo gran parte del apoyo de Elrond, y de no ser por él, Bilbo jamás habría obtenido el Anillo Único, imposibilitando los eventos de los libros siguientes.
El caso de Beorn es de sumo interés. El cambiapieles es descrito como un ser solitario. «Tenía muy pocos amigos y vivían bastante lejos; y nunca invitaba a más de dos a la vez»[39]. Vive alejado de la polis, un "buen salvaje" que carece de civilización y detesta la convivencia. Su reacción ante la llegada de los enanos hubiera sido desastrosa, de no ser por la historia que lo cautivó, contada por nadie más que Gandalf mismo. Es cuando el mago no está que las cosas salen mal (como se ve con los troles, los trasgos y las arañas del Bosque Negro).
Si aquello cercano a lo divino es lo más hospitalario, la inhospitalidad se encuentra en lo demoníaco. «¡Bien, ladrón! Te huelo y te siento. Oigo cómo respiras. ¡Vamos! ¡Sírvete de nuevo, hay mucho y de sobra!»[40] La cueva del dragón es la antítesis de un hogar cálido. Es fría, inhóspita, y el único alimento en la mesa eres tú. Smaug es tanto racional como elocuente. Su naturaleza lo vuelve amante de los acertijos, motivo por el cual no devora a Bilbo de inmediato[41].
Es dicha racionalidad la que convierte su inhospitalidad en algo aún más atemorizante. A diferencia de Polifemo y los troles, que usaron a sus prisioneros como alimento, Smaug no busca nada más que diversión, burlándose de Bilbo e intentando ponerlo en contra de los enanos[42]. En cuanto a Sauron, un ángel caído, el caso se vuelve aún más notorio. Lo demoníaco no carece de hospitalidad por una falta de civilización o contacto con lo divino. Surge de una oposición directa a la divinidad, una búsqueda de la destrucción de lo civilizado.
Mordor lleva a la intemperie a su máxima expresión: un desierto gélido que rechaza a la vida. No hay ni plantas ni luz, asolada por la constante vigilancia, día y noche, del ojo inquisidor de Sauron[43]. Estos espacios se anteponen por completo a la Comarca: una búsqueda incesante de poder contra la sencillez de un agujero hobbit.
Conclusiones
La obra de J.R.R. Tolkien está repleta de actos hospitalarios que, a pesar de la influencia cristiana, poseen fuertes similitudes con el pensamiento griego. Se muestra como una especie de amistad por utilidad, donde tanto el anfitrión como el huésped buscan obtener un bien. Además, hay una fuerte relación entre la hospitalidad y la civilización, algo notorio en las semejanzas entre los cíclopes y los troles. Las historias sirven como medio de apertura a los huéspedes, provocando dicha en el Pueblo del Lago y curiosidad en el solitario Beorn. No pasa desapercibido el rol de la divinidad, ilustrado por Zeus, patrono de los huéspedes y Gandalf, protector de los enanos...
Quedan pendientes una infinidad de temas, comenzando por implementar El señor de los anillos y, aún más demandante, El silmarillion. Los poemas de los héroes Beren, Turin y Túor, pueden arrojar luz a la visión tolkieniana de la hospitalidad y el rol que juega en la historia del mundo. También vale la pena ahondar en la relación de la hospitalidad y la magnificencia, ilustrada a la perfección por los elfos. Por último, como ejemplo concreto, llama la atención el caso de Bilbo en Rivendel: como huésped en El hobbit y migrante en El señor de los anillos.
Bibliografía
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Saúl, Fabiola. "La hospitalidad como generadora y regeneradora del tejido social", en Diálogos sobre la guerra. Ed. por Rivadeneyra, Roberto y Doval, Víctor, I. Sapientia, 2023.
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Zagal, Héctor. Amistad y felicidad en Aristóteles. Ediciones Culturales Paidós, 2014.
Zagal, Héctor, y Etienne, Julián. Sobre la hospitalidad. Universidad Panamericana, 2005.
Notas
Héctor Zagal & Julián Etienne, Sobre la hospitalidad (Universidad Panamericana, 2005), 10.
↑ RegresarIdem.
↑ RegresarIbíd., 28.
↑ RegresarCarlos Llano, "La hospitalidad como una necesidad esencial del ser humano", en Fundamentos de los servicios en la hospitalidad, ed. por ESDAI (Limusa, 1992), 30.
↑ RegresarIrene Breuer, "'Un-zuhause-sein' y exilio: La experiencia de la soledad y singularidad del Dasein en su relación con el ser-con-otros y el mundo", en Studia Heideggeriana 11 (2022), 69.
↑ RegresarZagal y Etienne, Sobre la hospitalidad, 14.
↑ RegresarAristóteles, Política, trad. por Manuela García, (Gredos, 2023), IV, 1300b25.
↑ RegresarHéctor Zagal, Amistad y felicidad en Aristóteles, (Ediciones Culturales Paidós, 2014), 99.
↑ RegresarCfr. Homero, Ilíada, trad. por Luis Segalá (Gredos, 2023), VI, 224-225.
↑ RegresarJuan Esteban Londoño, "Casa, intemperie y hospitalidad en «El señor de los anillos»", en Instituto Tecnológico de Costa Rica. Revista de Comunicación. 33-1 (2024), 142.
↑ RegresarJohn R.R. Tolkien, El hobbit, trad. por Manuel Figueroa (Planeta, 2002), 61-64.
↑ RegresarAristóteles, Ética Nicomaquea, trad. por Julio Pallí (Gredos, 2023), V, 1133a16-17.
↑ RegresarIbíd, VIII, 1156a30-32.
↑ RegresarFabiola Saúl, "La hospitalidad como generadora y regeneradora del tejido social", en Diálogos sobre la guerra, ed. por Roberto Rivadeneyra y Víctor I. Doval (Sapientia, 2023), 24.
↑ RegresarHomero, Ilíada, VI, 232-237.
↑ RegresarHomero, Odisea, trad. por Luis Segalá (Gredos, 2023), XVII, 375-379.
↑ RegresarIbíd, VII, 192.
↑ RegresarIbíd, 237.
↑ RegresarIbíd, 310.
↑ RegresarCfr. Tolkien, El hobbit, 59.
↑ RegresarIbíd, 17.
↑ RegresarZagal, Amistad y felicidad en Aristóteles, 102.
↑ RegresarHomero, Odisea, IX, 105-115.
↑ RegresarCfr. Tolkien, El hobbit, 44-45.
↑ RegresarVale la pena hacer hincapié en los nombres de los troles que nos presenta Tolkien en El hobbit. Es extraño que tres criaturas que a simple vista revelan su "barbarie" y están tan vinculadas con el mal posean nombres tan ordinarios como Tom, Berto y Guille (quien en inglés se llama igual que el astrónomo británico William Huggins). ¿No serían indicadores de un grado mayor de civilización? Cara a esto, es importante recordar que a diferencia de El señor de los anillos, El hobbit es un cuento para niños, en concreto para los hijos de Tolkien, por lo que es probable que los nombres tengan un carácter cómico. Además, es el único momento en el legendarium en que los troles poseen la capacidad del habla, ya que tanto en El señor de los anillos como en El silmarillion aparecen de un modo bestial, carentes por completo de civilización y razonamiento. Cfr. John R.R. Tolkien, El señor de los anillos. La comunidad del anillo, trad. por Luis Domènech (Booket, 2012), 451-453.
↑ RegresarCfr. Zagal y Etienne, Sobre la hospitalidad, 28.
↑ RegresarIncluso con la relevancia que posee Zeus en el ámbito de la hospitalidad, no parece haber ningún momento concreto en que se castigue a alguien por cometer una falta contra ella. Se podría considerar la venganza de Ulises contra los pretendientes, pero al estar influenciada por muchos otros factores, se tendría que realizar un análisis más profundo. Cfr. Zagal, Amistad y felicidad en Aristóteles, 101.
↑ RegresarTolkien, El hobbit, 72-74.
↑ RegresarIbíd, 205-206.
↑ RegresarHomero, Odisea, VIII, 541-546.
↑ RegresarIbíd, 133-134.
↑ RegresarZagal y Etienne, Sobre la hospitalidad, 20.
↑ RegresarTolkien, El hobbit, 64.
↑ RegresarAristóteles, Ética Nicomaquea, IV, 1123a1-5.
↑ RegresarZagal y Etienne, Sobre la hospitalidad, 23.
↑ RegresarHomero, Ilíada, VI, 232.
↑ RegresarCfr. Mt. 25:40.
↑ RegresarTolkien, El hobbit, 175.
↑ RegresarIbíd, 133-134.
↑ RegresarTolkien, El hobbit, 228.
↑ RegresarIbíd, 229-230.
↑ RegresarIbíd, 231.
↑ RegresarLondoño, Casa, intemperie y hospitalidad en «El señor de los anillos», 145.
↑ Regresar